Violencia doméstica contra las mujeres: Reconoce los patrones, busca ayuda

La violencia doméstica es una amenaza grave para muchas mujeres. Conoce los signos de una relación abusiva y cómo alejarte de una situación peligrosa.

Tu pareja se disculpa y dice que no volverá a tener una conducta hiriente — pero tienes miedo a que la tenga. A veces te preguntas si te estás imaginando el maltrato o si el dolor físico y emocional que sientes es real. Si esto te suena familiar, puedes estar sufriendo violencia doméstica.

Reconoce la violencia doméstica

La violencia doméstica, también llamada violencia de pareja, ocurre entre personas que tienen una relación íntima. La violencia doméstica puede adoptar muchas formas, entre ellas, el abuso emocional, sexual y físico, y las amenazas de abuso. La violencia doméstica puede darse en relaciones heterosexuales u homosexuales.

Las relaciones abusivas siempre conllevan un desequilibrio de poder y control. El abusador usa palabras y comportamientos intimidatorios e hirientes para controlar a su pareja.

Puede que no sea fácil identificar la violencia doméstica al principio. Aunque algunas relaciones son claramente abusivas desde el principio, el abuso suele comenzar de manera sutil y empeora con el tiempo. Puede que estés experimentando violencia doméstica si estás en una relación con alguien que:

  • Te insulta, te denigra o te desprecia
  • Te impide o desalienta ir a trabajar o estudiar, o ver a familiares o amigos
  • Trata de controlar cómo gastas el dinero, dónde vas, qué medicamentos tomas o qué ropa usas
  • Es celoso o posesivo, o constantemente te acusa de serle infiel
  • Se enfada cuando bebes alcohol o consumes drogas
  • Trata de controlar si puedes ver a un proveedor de atención médica
  • Te amenaza con violencia o con un arma
  • Te da golpes, patadas, empujones o bofetadas, te estrangula o te produce cualquier otro daño a ti, tus hijos o tus mascotas
  • Te obliga a tener relaciones sexuales o a participar en actos sexuales contra tu voluntad
  • Te culpa por tu comportamiento violento o te dice que te lo mereces
  • Amenaza con contar a amigos, familiares, compañeros de trabajo o miembros de la comunidad sobre tu orientación sexual o identidad de género

Si eres lesbiana, bisexual o transgénero, también podrías estar experimentando violencia doméstica si estás en una relación con alguien que:

  • Te dice que las autoridades no ayudarán a una persona lesbiana, bisexual o transgénero
  • Te dice que, si cortas con la relación, estás admitiendo que las relaciones lesbianas, bisexuales o transgénero son anormales
  • Dice que las mujeres no pueden ser violentas
  • Justifica el abuso diciéndote que no eres «realmente» lesbiana, bisexual o transgénero

No te eches la culpa

Es posible que no esté lista para buscar ayuda porque crees que eres, al menos en parte, culpable del abuso en la relación. Se pueden mencionar las siguientes razones:

  • Tu compañero te culpa por la violencia en tu relación. Las parejas abusivas rara vez asumen la responsabilidad de sus actos.
  • Tu pareja solo muestra un comportamiento abusivo contigo. Los abusadores suelen preocuparse por las apariencias externas, y les pueden parecer encantadores y estables a las demás personas ajenas a tu relación. Esto puede hacerte creer que sus acciones solo pueden explicarse por algo que tú hayas hecho.
  • Los terapeutas y médicos que te ven sola o con tu pareja no han detectado ningún problema. Si no le has dicho a tu médico o a otros proveedores de atención médica sobre el abuso, es posible que solo tomen nota de los patrones no saludables en tu pensamiento o comportamiento, lo que puede llevar a un diagnóstico erróneo.
  • Por ejemplo, las sobrevivientes de violencia doméstica pueden desarrollar síntomas que se asemejan a los trastornos de la personalidad. La exposición a la violencia doméstica también aumenta el riesgo de sufrir afecciones de salud mental como depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático.Si tus proveedores de atención médica se enfocan en tus síntomas, esto podría empeorar tu temor de que tú seas responsable del abuso en tu relación.
  • Has actuado verbal o físicamente contra tu abusador, gritando, empujando o golpeándolo durante los conflictos. Es posible que te preocupe que tú también seas abusiva, pero es mucho más probable que hayas actuado en defensa propia o con un intenso sufrimiento emocional. El abusador puede usar tales incidentes para manipularte, describiéndolos como prueba de que tú eres el miembro abusivo de la pareja.

Si tienes problemas para identificar lo que está sucediendo, toma distancia y analiza los principales patrones de tu relación. Luego, analiza los signos de violencia doméstica. En una relación abusiva, la persona que usa estos comportamientos de manera rutinaria es el abusador. La persona del lado receptor está siendo abusada.

El embarazo, los niños y el abuso

A veces, la violencia intrafamiliar comienza, o aumenta, durante el embarazo, lo cual pone en riesgo tu salud y la del bebé. El peligro continúa después del nacimiento.

Incluso si tu hijo no es abusado, el simple hecho de ser testigo de la violencia intrafamiliar puede ser perjudicial. Los niños que crecen en hogares abusivos tienen más probabilidades que otros de ser abusados y de tener problemas de conducta. En la adultez, es más probable que se conviertan en abusadores o que piensen que el abuso es una parte normal de las relaciones.

Puede que te preocupe que decir la verdad te ponga en peligro, o ponga en peligro a tu hijo o a otros miembros de la familia, y que pueda romper tu familia, pero buscar ayuda es la mejor manera de proteger a tus hijos y de protegerte tú.

Rompe el ciclo

Si te encuentras en una situación de abuso, es posible que reconozcas este patrón:

  • El abusador amenaza con emplear la violencia.
  • El abusador ataca.
  • El abusador se disculpa, promete cambiar y ofrece regalos.
  • Este ciclo se repite una y otra vez.

En general, la violencia se vuelve más frecuente y grave con el tiempo.

Cuanto más tiempo permanezcas en una relación abusiva, mayores serán las consecuencias físicas y emocionales. Podrías sufrir depresión o ansiedad, o comenzar a dudar de tu capacidad para cuidarte. Podrías sentirte indefenso o paralizado.

Desafíos únicos

  • Si eres inmigrante, es posible que dudes en buscar ayuda por miedo a la deportación. Las barreras lingüísticas, la falta de independencia económica y el apoyo social limitado pueden aumentar tu aislamiento y afectar tu capacidad para acceder a los recursos.Las leyes de los Estados Unidos garantizan la protección contra el abuso doméstico, independientemente de tu condición de inmigrante. Tienes a tu disposición recursos gratuitos o de bajo costo, incluidos abogados, refugio y atención médica para tus hijos y para ti. Además, podrías ser elegible para recibir las protecciones legales que permiten a los inmigrantes que sufren violencia doméstica permanecer en los Estados Unidos.Llama a una línea nacional de ayuda para la violencia doméstica para pedir asesoramiento. Estos servicios son gratuitos y confidenciales.
  • Si es una mujer mayor, puede que te enfrentes a retos relacionados con tu edad y con la duración de tu relación. Puede que hayas crecido en una época en la que no se hablaba de la violencia doméstica. Tú o tu pareja podrían tener problemas de salud que aumentan tu dependencia o sentido de responsabilidad.
  • Si te encuentras en una relación entre personas del mismo sexo, es menos probable que busques ayuda después de una agresión si no quieres revelar tu orientación sexual. Si te ha agredido sexualmente otra mujer, también podrías temer que no te crean.

La única manera de terminar con el ciclo de la violencia doméstica es actuando. Empieza por contarle a alguien sobre el abuso, ya sea a un amigo, un ser querido, un proveedor de atención médica u otro contacto cercano. También puedes llamar a una línea nacional de ayuda para la violencia doméstica.

Al principio, puede que te resulte difícil hablar del abuso. Pero debes entender que no estás solo y que hay gente que puede ayudarte. También es probable que sientas alivio y recibas el apoyo que tanto necesitas.

Crea un plan de seguridad

Dejar a un abusador puede ser peligroso. Considera la posibilidad de tomar estas precauciones:

  • Llama a un refugio para mujeres o a una línea de ayuda para la violencia doméstica para pedir consejo. Haz la llamada en un momento seguro (cuando el abusador no esté cerca) o desde la casa de un amigo u otro lugar seguro.
  • Prepara un bolso de emergencia que incluya los artículos que necesitarás cuando te vayas, como ropa adicional y llaves. Deja el bolso en un lugar seguro. Ten a mano los papeles personales importantes, el dinero y los medicamentos recetados para poder llevarlos contigo con poca antelación.
  • Planifica exactamente dónde irás y cómo llegarás allí.

No es fácil reconocer o admitir que estás en una relación abusiva, pero podemos ayudarte. Recuerda, nadie merece ser abusado.

Diez consejos para ayudar a las mujeres que sufren violencia de género

Muchas de las maltratadas sienten culpabilidad. Contra los traumas psicológicos que existen, las recomendaciones van desde actuar lo más pronto posible hasta no aislarse contra el maltrato

Entre los principales trastornos que se manifiestan en la salud psíquica de las afectadas por violencia de género se encuentran la depresión, ansiedad, trastornos del sueño, de la alimentación, de la conducta y estrés postraumático.

Además muchas se sienten culpables, desconfían de sí mismas y de los demás, sienten mucho miedo, impotencia y vergüenza que les hace ocultar al resto de personas lo que están padeciendo. Así, se pueden producir intentos de suicidio, autolesiones, abuso de alcohol, drogas y psicofármacos y dependencia psicológica del agresor (Síndrome de Estocolmo).

Ante estas situaciones, recomendamos…

1. No corras riesgos: La primera norma a seguir es la de la protección de la propia vida, la integridad física y seguridad y la del resto de miembros de la familia. Ten siempre preparadas tus cosas para una huida rápida (documentación personal, libro de familia, ropa, cartilla bancaria y teléfono móvil cargado) y ve preparando tu salida del domicilio.

2. Protégete. Ten previsto un espacio seguro dentro de tu propia vivienda, próximo a un teléfono desde el cual avisar en caso de urgencia.

3. No te sientas culpable. Ten muy presente que tú no eres la culpable de estar sufriendo violencia. Es responsable quien la ejerce.

4. No dejes pasar el tiempo. No pienses que el tiempo lo resolverá. Actúa: el tiempo juega en tu contra y la violencia crecerá cada día.

5. Pide ayuda profesional. Existen recursos para ayudarte a salir del túnel. Las personas profesionales te acompañarán en todo el proceso de salida de la violencia. Acude a ellas, otras ya lo han hecho. Puedes solicitar un ayuda totalmente gratuita en nuestras oficinas y recibir atención desde el momento en que eres recibida.

6. Protege a los tuyos. Los hijos e hijas, espectadores de la violencia y que la padecen en primera persona, no lo son de manera pasiva. La vivencia diaria de la violencia se instala en el psiquismo de los menores y jóvenes y provoca un sufrimiento con efectos negativos en su desarrollo evolutivo, efectos susceptibles de generar problemas conductuales y malestar en fases ulteriores.

7. Recuerda siempre que no estás sola. Acude en búsqueda de ayuda siempre que la necesites. Tanto de personas de tu entorno como ayuda profesional (trabajadora social de tu comunidad, médico, policía municipal, etc.).

8. No tengas miedo y no te aísles. El aislamiento únicamente conduce a ahondar el problema u demorar la salida. Intenta recuperar tus relaciones sociales, laborales, personales, familiares. Por su parte, el miedo y la hipervigilancia tardan en desinstalarse como compañero que fue a diario en la vida de las mujeres. Recuerda que de la violencia hay salida.

9. Ayuda a quienes lo necesiten. Si conoces a alguien que está sufriendo violencia, no la dejes sola. Escúchale y hazle saber que estás junto a ella. Mirar para otro lado solo contribuye a empeorar las cosas.

10. Los profesionales te ayudarán a salir a ti y los tuyos. Durante el ciclo de la violencia las fortalezas de la mujer se han ido debilitando y sus recursos personales han ido disminuyendo. Por ello, desde la Psicología es necesario aplicar en los casos de violencia de género el concepto de resiliencia. La resiliencia supone un nuevo punto de vista en la atención a las mujeres, niños y niñas que sufren violencia de género. Se trataría de destacar y potenciar sus propias capacidades para afrontarlo.

Cómo superar el confinamiento: tips y recomendaciones de un psicopedagogo clínico

Estamos viviendo una crisis sanitaria que nos ha llegado por sorpresa. Muchas personas, se unieron al movimiento #quedateencasa, desde ya varios meses, el teletrabajo se ha vuelto la nueva modalidad de trabajo para evitar los contagios. En Nuestra amada Venezuela estamos todos en cuarentena pero, ¿estamos preparados psicológicamente para esta situación? ¿cómo podemos superarlo?  Recopilamos una entrevista a Óscar Blázquez, psicopedagogo clínico, quien nos da algunas recomendaciones para tener una mente sana y firme durante el confinamiento.

¿cómo crees que nos va a afectar el hecho de casi no poder salir a la calle durante esta cuarentena?

Está claro que esta nueva situación, desconocida y nueva para todas, va a despertar viejos fantasmas. Las prisas, el estrés, el estar siempre ocupadas… ese ritmo de vida al que nos hemos acostumbrado nos va a pasar factura en estos días, cuando muchas de nosotras nos levantamos, miramos el reloj, y pensamos «¿Y ahora qué hago?»

El no saber qué va a ocurrir o el no tener una agenda preparada para el día, no poder salir a la calle, estar con nuestra red social o simplemente no ir a trabajar, va a hacer que aspectos como la ansiedad, la falta de aire o el agobio se acentúen de manera notable. Sin contar, por supuesto, a todas esas mujeres que ya estaban recibiendo ayuda psicológica o terapéutica antes de que todo esto empezara.

¿qué síntomas nos pueden mostrar que el confinamiento nos está afectando psicológicamente? Y ¿qué deberíamos hacer en caso de sentirnos así?

El primer síntoma nos lo dará el corazón. Muchas veces se presentarán pequeñas taquicardias o pequeños pinchazos. El cuerpo habla, y eso ya es un aviso de que algo va mal.

En segundo lugar, si ignoramos estas señales, actuarán los pulmones. Sensación de falta de aire, o, por el contrario, hiperventilación, será la manera que tenga el cuerpo de informarnos. Algo está ocurriendo. Algo malo. Y no podemos controlarlo. Es ahí donde la ansiedad o el estrés empiezan a aparecer.

Y esto, por supuesto, se verá reflejado en nuestra calidad de sueño. Insomnio, pesadillas, o despertarnos con la sensación de cansancio, serán otros síntomas.

Nuestro cerebro está programado para saber qué va a ocurrir siempre. No tenemos más que ver nuestras agendas. Un día por la mañana ya sabes todo lo que vas a hacer, y, seguramente, lo que vas a hacer durante toda la semana y parte de la siguiente.

El principal problema al que nos vamos a ver expuestos, es que esto ahora no ocurre. Es por eso que aconsejamos ocupar la cabeza. Cosas tan sencillas como anotar, cada mañana, diez cosas que podemos hacer, y temporalizarlas durante el día. De esta manera el cerebro sabe que tiene funciones que realizar, se relaja y deja de sentirse tan ansioso e inquieto.

Debemos pensar en todas esas cosas que nunca hacemos porque no tenemos tiempo: leer, conversar con nuestra familia, llamar a los seres queridos, juegos de mesa… Es momento de potenciar la creatividad. 

Para todos aquellos que durante los próximos días tienen que teletrabajar desde sus casas ¿qué recomendaciones les darías? ¿es importante tener una rutina?

Es importante mantener una actitud de trabajo. Es decir, vamos a trabajar desde casa, pero eso no quiere decir que tengamos que hacerlo sin ducharnos, en pijama y con el desayuno en la mesa. Vamos a intentar separar tiempos ya que los espacios no son posibles ahora.

Aunque tengamos que trabajar desde casa, es sano para nuestra salud mental cumplir con una rutina: levantarnos, ducharnos, desayunar, y empezar a trabajar.

Obviamente no hace falta vestirse con camisa y pantalón, pero sí es importante quitarnos el pijama y utilizar otra vestimenta. Ese es el mensaje claro que damos al cerebro «Estoy en casa, pero voy a trabajar, no estoy durmiendo». Es importante también hacernos un horario de descansos y respetarlo.

¿Cuánto crees que puede aguantar nuestra mente este estado de confinamiento?

Nuestra mente va a pasar por cuatro etapas. Obviamente no todo el mundo las pasará, o las vivirá a diferente ritmo, pero la gran mayoría de la población así lo hará.

La primera, que es la que ya estamos dejando atrás, es la de la incredulidad. No nos creemos lo que está pasando, nos suena muy lejano, de otros países o de una película. Es esta fase la que hace que la gente no respete las normas o no haga caso a lo que escucha o ve por los medios informativos.

La segunda fase es el pánico. Aquí empezamos a ser conscientes de la gravedad. Ya no es algo lejano, ya conocemos a alguien que ha sido contagiado o un amigo de un amigo… el asunto queda cerca y el miedo se apodera de nosotros. Nos vemos encerrados en casa, sin poder salir, perdiendo nuestro puesto de trabajo o trabajando en casa… la realidad cambia en un par de días y la cabeza y la salud empiezan a jugar malas pasadas.

La tercera es la del orden. Llevaremos ya varios días o semanas así y nuestro cerebro, que se adapta a cualquier situación, habrá normalizado esta nueva realidad. Aprenderemos a vivir o a llevar esta situación de mejor manera hasta que pase.

Y, por último, la desconfianza. Una vez que todo esto pase, debemos tomar conciencia que habrá otro problema que atender: las consecuencias. La población no se fiará de que esto haya pasado realmente. Aún andaremos con miedo, sin querer salir, con miedo a mandar a nuestros hijos al colegio y un largo etcétera.

¿qué recomendaciones nos darías para hacer más llevaderos los próximos días?

Es hora de reconocerse a uno mismo. Vamos a pensar todo lo que podemos hacer desde casa, y que las nuevas tecnologías nos facilitan. Podemos empezar a cocinar cosas diferentes, aprender a hacer yoga, aprender a meditar e incluso aprender un nuevo idioma. Es importante mantener la cabeza ocupada, hacer ejercicio, y como decía anteriormente, hacer una lista de cosas y actividades que podemos hacer.

Y para todos aquellos que viven en pareja o familia, es momento de reconectar con ellos. Vamos a hablar con las personas con las que vivimos, pero a hablar de verdad, a conocernos de nuevo.

Es el momento de abrir un nuevo puente: a la creatividad, a la comunicación, y al amor.

Vamos a guardar todas esas ganas de dar abrazos para el día de mañana, porque llegará, seguro. Volverán los abrazos, las conversaciones a dos centímetros de distancia, las risas de los niños en los parques, las cervezas en una terraza… Todo eso volverá a llegar. Hasta entonces, vamos a tener calma, y a cuidarnos, mucho.

Así puedes gestionar el miedo que produce el coronavirus

coronavirus-miedo
Esta pandemia está aumentando las consultas a los expertos en psicología y psiquiatría por la ansiedad que produce el contagio y el aislamiento. Te explicamos cómo gestionar esta emoción

El miedo es una emoción libre. Y es natural sentir angustia y ansiedad ante la pandemia del coronavirus, el virus SARS-CoV-2, responsable de la enfermedad COVID-19 y que está, literalmente, paralizando el mundo. Este tipo de situaciones de alteración de la normalidad son las que mayor estrés producen, ya que perdemos el control y nos enfrentamos a una amenaza real: la del contagio. Por tanto, si alguien te acusa de sentir miedo responde que es reacción natural ante una situación extraordinaria. Ahora bien, si es excusable sentirlo y nadie te puede criticar por ello, también es aconsejable saber cómo gestionarlo para poder tomar las decisiones más acertadas y no dejarnos llevar por el pánico.

Sabias que… Un tercio de las personas con problemas respiratorios sufre situaciones de estrés

«El miedo influye en nuestra forma de pensar», señala el psicólogo Jesús Matos, director de En equilibrio mental. «Los sesgos cognitivos asociados nos hacen tender a desarrollar pensamientos catastrofistas. Esto se agrava por la cantidad de información que estamos teniendo y, generalmente, tenderemos a evaluarla en términos de peligro». El truco para intentar parar esto es contrastar nuestros pensamientos con información veraz. Pero ¡cuidado! La incertidumbre nos pide buscar certidumbre, es decir, tratar de verificar los datos. Lo que nos puede conducir, a su vez, a caer en una espiral de búsqueda de información que contribuya a aumentar aún más el miedo. ¿Qué hacer entonces?

El secreto está en buscar un equilibrio en tener información contrastada y veraz y no estar contantemente pendiente de la actualización. Una vez más insistimos en acudir a las fuentes oficiales, puesto que la situación que se ha creado en torno al coronavirus es un caldo de cultivo para las conocidas como «Noticias falsas»

Otro de los consejos que da el especialista en psicología para intentar gestionar mejor este miedo es no bloquearlo. Esta emoción es normal, dadas las circunstancias. Además, nos ayudará a cuidarnos mejor y a seguir las recomendaciones que nos dan para prevenir el contagio. Es decir: 

  • Lavarse bien las manos con agua y jabón y/o gel desinfectante
  • Toser o estornudar en el flexo del codo 
  • Evitar, en la medida de lo posible, tocarse la cara 
  • Mantener una distancia de seguridad con las personas 
  • Quedarse en casa todo el tiempo posible, máxime si vivimos en zonas de riesgo

¿Podemos sentir síntomas psicosomáticos?

Las personas que sufren ansiedad o depresión pueden ser más vulnerables a esta situación de pánico generalizado y sufrir un ‘repunte’ de su patología. Esto, aclara el experto, no significa que se vaya a experimentar una recaída. Simplemente, la situación ha cambiado y la alarma social nos afecta. Por tanto, «cuando introduces un elemento ‘estresor’ como es el contagio y la enfermedad por el coronavirus, la ansiedad, la depresión y, especialmente, la hipocondría puede exacerbarse». 

De hecho, es posible experimentar síntomas psicosomáticos. «Todas las emociones, al igual que tienen un componente cognitivo, también cuentan con un sistema de respuesta fisiológico». Por ejemplo, en situaciones de estrés se activan una serie de mecanismos que nos ponen alerta para la lucha o la huida. «Cuando sentimos miedo se nos acelera el corazón, se seca la boca, entre otras reacciones que activan el cuerpo para una respuesta de escape. Si focalizamos la atención en determinadas partes del cuerpo, podemos percibirlas de forma distinta, las notamos más y somatizamos, es decir, podremos llegar a sentir síntomas del COVID-19. Por ejemplo, presión en el pecho, dolor de cabeza o de garganta, etc.». 

Si es nuestro caso, lo mejor que podemos hacer es tratar de racionalizar estos síntomas y compararlos con los que produce la enfermedad: fiebre, tos seca y dificultad para respirar

¿Por qué algunas personas desarrollan agresividad?

Otras conductas que estamos viendo en algunos supermercados, fundamentalmente, son reacciones de agresividad, sobre todo, a la hora de adquirir artículos como geles desinfectantes que, como sabemos, escasean. En este sentido, Jesús Matos explica que la agresividad es una respuesta conductual de la emoción de ira y enfado, y esto surge cuando nos frustran objetivos, nos sentimos agredidos o percibimos una situación como injusta. 

Hay personas que están viendo peligrar sus negocios, otras que no pueden salir de sus casas y realizar las actividades que desean o los objetivos que nos habíamos impuesto no se pueden cumplir. «Es también normal sentirnos enfadados. Pero hay que intentar canalizar esa frustración para no llegar a la ira«, recomienda el experto de En equilibrio mental. Las recomendaciones, para ello, son: 

  • Hablar y expresar cómo nos sentimos 
  • Si estamos solos, escribir un diario

¿Qué situaciones debemos evitar para no alimentar el miedo? 

En primer lugar, evitar la comprobación continua de información, como decíamos al principio de este artículo. Nos tranquiliza a corto plazo, ya que tenemos la sensación de control sobre la pandemia pero, a largo plazo, genera más angustia. Además, como partimos ya de la emoción del miedo, filtraremos los datos y solo nos vamos a quedar con lo más alarmante.

Por ejemplo, si leemos que el 80% de las personas desarrollan síntomas leves y que el 5% tiene síntomas críticos, nos quedaremos solo con este último dato. Hay que entender que «nuestro cerebro emocional no es ‘bueno’ con las estadísticas. Solo lo es con la información relevante, en este caso, el peligro, por lo que estar intentado ejercer el control sobre algo que es incontrolable comprobando información nos va a generar mucha más ansiedad». 

¿Cómo gestionamos, psicológicamente, el tiempo en casa?

Es muy importante controlar lo que sí está en nuestras manos. Por ejemplo, saber qué vamos a hacer en el día y llevar una rutina. Y es que es probablemente es la primera vez en la historia en la que nos enfrentamos de manera global a una incertidumbre total, en la que no sabemos qué va a pasar mañana. Por ello, «es recomendable tener pequeños inputs que nos ayuden a tener una sensación de control».

Además, es fundamental reservar tiempo para las actividades placenteras y de ocio, por ejemplo, ver una película o una serie en familia, leer un libro, disfrutar de los juegos de mesa, etc. Y otro aspecto muy importante: dejarnos arropar por los nuestros y hacer lo mismo con nuestro entorno. «El apoyo social percibido es un amortiguador del estrés y nos ayudará a superar esta situación sin tanto miedo», resalta Jesús Matos.

Esta es, por tanto, una de las mejores oportunidades para reconectar aún más si cabe con nuestros seres queridos, hablar, escuchar y dar el soporte emocional que todos necesitamos

El miedo, la culpabilidad, la vergüenza… ¿Por qué las víctimas de violencia de género tardan en denunciar?

El tiempo que tardan las víctimas de violencia de género en verbalizar o denunciar su situación es de aproximadamente 8 años, según datos de estudios.

La mitad de las víctimas han respondido que la razón es «el miedo a la reacción del agresor». Le sigue de cerca la creencia en que ella “lo podría resolver sola”, el sentimiento de no reconocerse como víctima de violencia de género y el de sentirse culpable y responsable de la situación”. Según Ana Gómez Plaza, psicóloga especializada en este ámbito y coordinadora del estudio, se trata de «sentimientos frecuentes dentro del proceso psicológico de trauma que sufren estas mujeres». 

 «No hay un perfil de mujer maltratada». Es un problema social y, como tal, afecta a todas clases y perfiles. Laura (nombre ficticio) es un ejemplo de que una buena formación académica no te libra de sufrir esta situación. Universitaria, con dos carreras en curso, padecía, sobre todo, violencia sexual y psicológica por parte de su novio, pero no se identificaba con la etiqueta de víctima. «Él controlaba todas las facetas de mi vida, las relaciones sexuales, incluso la forma de vestir o la alimentación. Pero yo no sabía que lo que me pasaba estaba fuera de lo normal. De hecho, me llegaron a parar por la calle para decirme la suerte que tenía de salir con ese chico. Mi propia familia lo tenía en un pedestal».

El maltrato genera una dependencia emocional de tal magnitud que la víctima, no solo no se reconoce como tal, sino que «se siente culpable y experimenta pena por su maltratador». Así lo asegura Laura, que recuerda: «Entendía que yo era la mala, la que había provocado esa situación».

Laura nunca denunció a su maltratador, principalmente, por tres razones: una, por el miedo al que había sido su pareja, que la había amenazado de muerte después de dejar la relación; dos, porque no tenía pruebas, ya que las heridas provocadas por la violencia sexual habían desaparecido, y tres, por la excelente imagen social del agresor. Nunca denunció, pero sí dio el paso de empezar a ir a terapia, después de escuchar los testimonios de otras supervivientes en una charla sobre violencia de género e identificarse con todos ellos.

Las mujeres maltratadas no tardan lo mismo en denunciar o contar al entorno la situación en la que se encuentran y depende del tipo de violencia que padezcan. El tiempo es superior cuando se trata de una situación de violencia sexual, en la que se tardan casi 11 años de media, al igual que ocurre con aquellas mujeres que han sufrido todos los tipos de violencia a la vez. La víctimas de maltrato psicológico, físico, económico, ambiental y social tardan entre ocho y nueve años en dar el paso de verbalizar su caso.

La edad de la víctima, un factor clave a la hora de denunciar

Las mujeres con más de 65 años tardan una media de 26 años y tres meses en denunciar o hablar del tema, lo que supone una gran diferencia con las víctimas jóvenes. Las que se encuentran entre 18 y 25 años son las que menos tiempo esperan, una media de dos años y 10 meses. Como se puede ver en la siguiente tabla, a partir de la mayoría de edad, el tiempo que transcurre entre la primera agresión y la denuncia es mayor cuantos más años se cumplen.

Las mujeres con hijos tardan más en dar el paso

Estudios arroja datos relevantes si se tiene en cuenta la situación de convivencia de la víctima en el momento de empezar a sufrir maltrato. Las mujeres que vivían solas cuando comenzaron los episodios de violencia son las que menos tardaron en denunciar, poco más de cinco años. En el otro extremo están aquellas que conviven con personas a su cargo, que llegan a esperar casi 17 años de media.

Cuanto mayor es el número de hijos, más es el tiempo que se tarda en hablar de esta situación. Así, las mujeres con tres o más hijos esperan más de 12 años, frente a las que no tienen descendencia, que tardan unos tres años y medio.

La situación legal respecto al agresor también marca el momento de la denuncia. De hecho, las mujeres casadas tardan el doble que las demás en dar el primer paso, 12 años, frente a los seis de las solteras, las que son pareja de hecho, las que están en trámites de separación y las divorciadas.

Celulitis: ¡deja ya de creer en estos mitos!

La celulitis es una de nuestras principales preocupaciones estéticas, especialmente en mujeres entre 25 y 56 años, quienes buscan disimularla -o eliminarla- cueste lo que cueste.

Sin embargo, el mundo de los tratamientos de belleza está repleto de mitos con respecto a ella y hoy te contamos algunos de los más frecuentes:

Mitos sobre la celulitus que han tomado fuerza con los años

Solo afecta a las mujeres

La piel de todas las personas pierde elasticidad con el tiempo, así que los hombres no se libran de tenerla; si bien en ellos suele ser menos común también pueden tener celulitis en caderas, muslos y glúteos. Además está la influencia de la genética y la presencia de estrógeno.

¡Elimina la celulitis ya!

Este es otro de los mitos en los que debes dejar de creer. De hecho, es uno que nos afecta bastante, pues nos esforzamos para eliminar la molesta “piel de naranja”, pero solo logramos reducirla. Ahora, puedes evitarla, con ejercicios, una dieta, hábitos saludables y constancia.

La celulitis solamente aparece en las mujeres “gordas”

Esto es falso, la mayoría de las mujeres, independientemente de su peso pueden padecer algún tipo de celulitis. ¿Por qué? Algunos de los “culpables” son la mala circulación, problemas de retención de líquidos y acumulación de toxinas en el cuerpo.

El azúcar causa la celulitis

Aunque no es totalmente falso, la celulitis se puede presentar -también- por muchas causas como estrés, problemas hormonales, estreñimiento, mala alimentación, acumulación de grasas, sedentarismo, problemas metabólicos, entre otras. Además, el tiempo no perdona y el desgaste de la piel por la edad puede provocar su aparición.

En tiempos de CORONAVIRUS: Aliméntate, muévete y cuida tu mente

Berry fruit cocktails, smoothies and milkshakes, fresh fruit and berries on brown table, still life, selective focus

En diferentes países alrededor del mundo, se están tomando medidas para prevenir el crecimiento de la pandemia de COVID-19. Nos hemos visto obligados a revisar nuestros comportamientos sociales. Pero también los personales. Todo esto en función de mantenernos sanos y fortalecer nuestro sistema inmune.

La higiene personal y el monitoreo constante de nuestra salud y la de nuestros seres queridos se han convertido en temas inevitables en las redes sociales. Encontramos múltiples artículos e información donde nos instan a convertirnos en agentes de cambio. Así, debemos respetar y apegarnos al distanciamiento social. Concepto que debemos comprender no sólo a título personal, cuidar nuestra salud, también la de las personas en riesgo con las que podemos estar en contacto aún de una manera indirecta.

Es una realidad que estamos haciendo sacrificios cancelando reuniones laborales y sociales, trabajando desde casa y manteniéndonos alejados de nuestras rutinas. Pero también tendremos oportunidades maravillosas de conectar con viejas amistades, con las personas con las que compartimos nuestro hogar y finalmente -y muy importante- con nosotros mismos… 

¿Cómo podríamos sacar provecho a esta situación para conectar con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma?

Te dejamos unos tips saludables ¡para que puedas mimarte y mimar a los tuyos en estos momentos tan difíciles, regalándote y regalándoles bienestar, salud y hábitos que quizás se conviertan en algo cotidiano tras la crisis del coronavirus! 

Come bien ¡para que tu sistema inmune esté lo más preparado posible!

  1. Vegetales y frutas coloridos son la clave para reponer minerales y vitaminas que nuestro organismo necesita a diario.
  2. Adicionalmente, evita alimentos con potencial de causar inflamación como azúcar, harinas refinadasgrasas como el aceite de canola. Y cualquier otro alimento que sepas que te causa incomodidad digestiva o intolerancia-alergia.  
  3. Incluye alimentos fermentados naturalmente como el la col agria, también llamada sauerkraut, chucrut o choucroute, la kombucha y el kéfir de agua o leche son buenas opciones para incrementar las bacterias “buenas”del intestino que también necesitan fibra para alimentarse. Porque existe una conexión importante entre nuestro sistema digestivo y nuestro sistema inmune. Manteniendo nuestra flora digestiva saludable, tendremos más posibilidades de mantenernos saludables.
  4. Y si quieres darle un soporte extra, puedes evaluar incorporar tintura de saúco (elderberry) sin alcohol, aceite esencial (comestible) de oréganojengibre y cúrcuma en tu día a día.
La idea es hacerle la tarea fácil al sistema inmune, permitiéndole concentrarse en lo que es importante, combatir cualquier patógeno que sea un riesgo real.

Mantente en movimiento

Mujer entrenando en casa para mejorar su sistema inmune
  • Las endorfinas que nuestro cuerpo libera cuando nos ejercitamos nos mantienen en un estado de positivismo general. Dicho estado es favorable para aumentar nuestra capacidad de combatir enfermedades
  • Elegir alguna actividad al “aire libre”, aunque sea en el patio o balcón de tu casa, no solo te permitirá respirar aire puro, sino que además estarás expuesta a la luz solar. Esto se traduce en que estarás apoyando tu producción de Vitamina D, fundamental para una buena respuesta inmunitaria.
  • Además incrementando nuestra capacidad aeróbica favorecemos nuestro sistema respiratorio y mejoramos nuestro estado mental, lo que nos lleva a nuestro siguiente bloque de recomendaciones.

Cuida tu mente

La idea de tener que estar encerrados en casa puede causar ansiedad.

¿Qué debemos hacer para cuidar la mente?

  1. Poner en perspectiva todo lo que tenemos que hacer.
  2. Planificarnos para aumentar la productividad.
  3. Estar seguros de que incluimos actividades divertidas y relajantes cada día, esta oportunidad puede ser de mucho beneficio para recargar energías y reconectarnos con lo que nos es más esencial.

Toma lápiz y papel y anota qué tienes pendiente. Ve haciendo lista durante la #cuarentena por el coronavirus

  • Organiza tu casa
  • Limpia tu alacena o muebles de madera.
  • Participa en un juego de mesa o uno virtual.
  • Lee ese libro que tienes pendiente.
  • Medita (o trata de aprender a hacerlo).
  • Ponte una mascarilla en la piel o el cabello.

Saca provecho de todo el tiempo que tendrás en tus manos, enfocándolo desde la positividad y el optimismo. 


También recuerda que darle una mano a quienes están en una situación precaria también puede ayudarnos a elevar las endorfinas, llamar por teléfono o videollamada a un ser querido o a un vecino, donar dinero a un banco de comida o quizá ordenar alimentos o un mercado en línea para alguien que sabemos no puede salir a hacer su mercado nos hará sentir mejor con nuestro papel en pro de hacer más llevadera esta situación tan irregular y al mismo tiempo le hará el día a otra persona. 

Finalmente:

  • Comprométete a respetar la recomendación de aislamiento social.
  • Si no puedes evitar salir de casa, recuerda lavar tus manos con frecuencia, tanto como sea necesario a lo largo del día prestando atención a incluir todos los dedos en el proceso (sí, también los pulgares que tienen a no ser lavados con tanto énfasis). 
  • Evita llevarte las manos a los ojos, la nariz y la cara en general.
  • Haz lo posible por cambiarte la ropa apenas llegues a casa, sobre todo si estuviste en contacto cercano con otras personas o en lugares cerrados como supermercados, hospitales o bancos.

Recuerda todas estas medidas son necesarias para tu salud y el bienestar de la sociedad en que vivimos tú eres parte fundamental de la prevención y la recuperación de esta pandemia. 


Recetas en tiempos de virus #coronavirus

Jugo tres en uno poderoso 

  • El jugo de una naranja
  • Una remolacha
  • Una zanahoria
  • Una manzana verde sin semillas
  • Un trocito de Jengibre del tamaño de la mitad de tu dedo meñique
  • En un extractor coloca todos los ingredientes remueve y disfruta.

Enfrentando la pandemia en familia

La pandemia del coronavirus está provocando, a nivel personal y familiar, mucha incertidumbre, inseguridad y ansiedad. Nunca habíamos enfrentado una emergencia sanitaria como ésta, por lo que es normal que no sepamos cómo actuar, sin embargo, es bueno tener presente que los problemas y las dificultades, incluso las catástrofes, son parte de la vida y lo más probable es que en algún momento tendremos que pasar por ellas.

Hay familias que se encuentran más “equipadas” que otras para enfrentar situaciones de crisis como la de ahora.

Es posible trabajar para que nuestra familia esté preparada, no sólo para enfrentar los malos momentos, sino también para salir fortalecida de ellos. Sin embargo, esto no se da espontáneamente. Es un desafío de todos los días ir construyendo cimientos, para que en momentos en que lo necesitemos, niños, niñas  y adultos podamos sentir que somos capaces de enfrentar juntos la adversidad y salir adelante.

Una familia está más fortalecida cuando sus integrantes pueden llegar a decir:

Yo tengo:

  • Personas en quienes confío y sé que en estos momentos quieren cuidarme y protegerme.
  • Personas que me ponen límites para evitar los peligros, aunque a veces no lo entienda o no me guste (por ejemplo no salir de la casa en cuarentena).
  • Personas que con su ejemplo me enseñan a actuar correctamente.
  • Personas que creen que yo soy valioso/a y necesario/a para ayudar a superar esta crisis.

Yo soy:

  • Un miembro esencial de mi familia.
  • Muy importante para ayudar a que las personas más frágiles de nuestro país no se contagien de coronavirus.
  • Necesario/a para apoyar a mi familia y ayudar a enfrentar este momento.

Yo puedo:

  • Hablar libremente sobre lo que siento en relación a esta pandemia.
  • Hablar de lo que me asusta y me preocupa actualmente.
  • Seguir las recomendaciones sanitarias aunque me implique hacer un esfuerzo y cambiar mis rutinas habituales.

Las familias que tienen estos recursos se hacen más fuertes frente a las dificultades ya que desarrollan una importante capacidad llamada resiliencia. Esta se refiere a poder enfrentar las crisis, como por ejemplo esta pandemia, superarla e incluso salir fortalecidos aumentando así el sentido de identidad y pertenencia familiar.

Existen muchas maneras de desarrollar y fortalecer la resiliencia en estos momentos de crisis:

Comunicación: Desarrollar la comunicación entre los miembros de la familia, conversar con franqueza y apertura de lo que está pasando, escuchándose y permitiendo que cada uno exprese lo que siente.

Apoyo mutuo: Fomentar y resaltar la importancia de brindarse apoyo entre todos, destacando la confianza en la capacidad de la familia de enfrentar dificultades y de pedir apoyo, desarrollando una red social fuerte.

Flexibilidad: Capacidad de adaptarse a los cambios y situaciones imprevistas que se están presentando, como por ejemplo estar en cuarentena todos juntos, confiando en la posibilidad de probar y encontrar distintas formas de enfrentarlo.

Optimismo: Promover y transmitir una visión esperanzadora frente a la emergencia sanitaria que estamos viviendo. No significa minimizar lo que está ocurriendo, sino tener la convicción que juntos, como país y familia podremos salir adelante.

Buscar soluciones en conjunto: Todos y todas, independiente de la edad, pueden opinar aportando ideas y diferentes miradas para enfrentar lo que están viviendo, por ejemplo, cómo entretenerse en la cuarentena, cómo respetar los espacios de cada uno, cómo mantener las rutinas en este contexto, etc.

Confianza: Creer que siempre se va a poder salir adelante y tener claro que se necesita esfuerzo, energía y solidaridad para apoyarnos y superar esta pandemia que está poniendo a prueba a todas las personas de nuestro país y del mundo.

Cómo aceptar los años.

Cada etapa de nuestra vida está marcada por diferentes aspectos evolutivos, como son, la inocencia de la infancia, la espontaneidad de la juventud y la madurez del adulto. Sin embargo, cuando la vida nos aproxima a la vejez, en ocasiones, no encontramos aspectos que nos ayuden a valorar, aceptar y disfrutar de esta etapa final de la vida.

La vejez está marcada por un deterioro físico y mental, que en ocasiones, no aceptamos, generando conflictos y dificultades de adaptación a las nuevas circunstancias vitales. Pero aún así, hay que tratar de disfrutar cada una de nuestras etapas, sin olvidarnos de esta última.

«Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hayamos llegado»

-Quevedo-

Las etapas evolutivas

Como decíamos, cada etapa evolutiva, tiene sus propias características, las cuales solemos aceptar y evolucionar con ellas, sin demasiados conflictos emocionales. Al menos, no más allá de los propios necesarios para crecer. Y es importante, reflexionar acerca de que llegar a cada etapa de la vida, ha supuesto necesariamente vivir la anterior.

Se trata entonces, de que hay que aprender a valorar que nunca dejamos de ser niñas, ni jóvenes ni adultas, sino que cada etapa y sus aprendizajes nos acompañarán durante toda nuestra existencia, siendo un equipaje para el camino que nos quede por recorrer.

Pasar de etapa

Podríamos imaginar que nos especializamos en una profesión cualificada, y por ello, vamos pasando por diferentes tipos de formación y experiencia, así como, por el desempeño práctico de la profesión, propio del nivel que vamos adquiriendo.

Es así también, como pasamos de etapa en etapa, por la vida, especializándonos cada vez más, obteniendo mayor sabiduría, y por tanto, modificando nuestras tareas y desarrollo de actividades, en función de la edad.

Podríamos decir, que a más experiencia, el trabajo se vuelve más liviano, más calmado, más descansado… dejando así paso a aquellos que empiezan su formación en la vida, y se dedican al trabajo más arduo y difícil, necesario para aprender y obtener el grado de especialista, como ya lo obtuvieron sus antecesores mayores.

«Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena»

-Ingmar Bergman-

Cumplir años símbolo de sabiduría

Sin duda, cumplir años, añade experiencias y aprendizajes a la vida, llegando a tener una sabiduría que solo es propia de las personas más mayores de nuestra sociedad. Y esta sabiduría es a su vez, un tesoro para los más jóvenes, aquellos que empiezan a vivir la vida sin experiencias y necesitados de apoyo y consejo.

Por esto, cumplir años, en cualquier etapa que sea, siempre fue y seguirá siendo un apoyo de experiencia y educación hacia las personas de nuestro alrededor menores de edad que nosotras.

Aceptar el envejecimiento

Biológicamente, empezamos a envejecer a partir de los 22 años. Nuestras células ya no seguirán creciendo y desarrollándose, sino que comienza el deterioro, el cual, notaremos al paso de los años, ya que se trata de una evolución lenta, y depende mucho del trato y cuidados que nos demos a nosotras mismas.

Esto significa que más de la mitad de la vida, la pasamos envejeciendo, o lo que es lo mismo, madurando, aprendiendo de las etapas anteriores y de los retos superados o fracasados. Si aceptamos esto, descubrimos que nuestra biología nos prepara en cada etapa para lo que necesitamos en ella. Y sin duda, la actividad de la infancia, no es necesaria en la edad adulta, y la capacidad de trabajo no es necesaria en la vejez.

«Los árboles más viejos dan los frutos más dulces»

-Proverbio alemán-

Abuela

¿Qué significa exactamente aceptar los años?

Podríamos decir que cumplir años, nos dispone a vivir la vida de otra forma. Cada año, es una maduración, mayores aprendizajes asimilados, proyecciones diferentes de futuro, y retos nuevos. Y precisamente, esto es lo que tenemos que ir aceptando.

Quizás nos resultó fácil aceptar que siendo adulta no íbamos a mantener la inocencia, el juego y la falta de responsabilidad de la niña, y así también, tenemos que aceptar, que en la vejez, ya no es necesario trabajar como antes, mantener las mismas actividades que antes, seguir el mismo ritmo que antes.

¿Qué cabe esperar de la vejez?

Como decíamos, la sabiduría es el aspecto fundamental de la vejez, y cuando el cuerpo pide reposo, descanso y cuidados, lo adecuado es dárselo. Y si nuestra mente, no está tan despierta ni tan activa, significa que no podemos esperar de nosotras mismsa, lo mismo que en etapas anteriores.

Aceptar los años, supone, seguir ejercitando nuestra actividad mental y fisica, en la medida de nuestras posibilidades, sin grandes retos, salvo el de mantenernos en el mayor bienestar y salud posible, disfrutando de cada momento presente.

Aceptar los años, supone, dar paso a las generaciones venideras, permitiendo la ayuda de otros a cuidarnos o a protegernos. Como lo hicimos nosotras tiempo atrás, aceptando las limitaciones de un cuerpo y una mente sabia, que desean por naturaleza, transmitir y expresar sus conocimientos, para que a otras personas puedan servirles.

Aceptar los años de nuestros mayores, es agradecer su sabiduría, escucharles, cuidarles y respetarles, para aprender de su experiencia y con ella, ser capaces de vivir más felices y mejor cada día.

¿Cómo puedo mejorar mi autoestima?

Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué aspecto tenemos, en qué somos buenos y cuáles son nuestros puntos débiles. Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, empezando en nuestra más tierna infancia. El término autoimagen se utiliza para referirse a la imagen mental que una persona tiene de sí misma. Gran parte de nuestra autoimagen se basa en nuestras interacciones con otras personas y nuestras experiencias vitales. Esta imagen mental (nuestra autoimagen) contribuye a nuestra autoestima.

La autoestima depende de en qué medida nos sentimos valoradas, queridas y aceptadas por otros — y en qué medida nos valoramos, queremos y aceptamos a nosotras mismas. Las personas con una autoestima sana se sienten bien consigo mismas, aprecian su propia vida y están orgullosas de sus capacidades, habilidades y logros. Las personas con baja autoestima sienten que no gustarán a nadie, que nadie los aceptará o que no son buenos en nada.

Todos tenemos problemas con nuestra autoestima en determinados momentos de la vida —especialmente durante la adolescencia, cuando estamos descubriendo quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo. La buena noticia es que, como la imagen que tenemos de nosotras mismas va cambiando a lo largo del tiempo, la autoestima no es algo inamovible ni fijo de por vida. Así que, si sientes que tu autoestima no es todo lo alta que debería ser, puedes mejorarla.

Problemas de autoestima

Antes de que una persona pueda solucionar sus problemas de autoestima y construir una autoestima sana, es útil saber en primer lugar qué podría estar causando esos problemas. Dos cosas en particular —cómo nos ven o nos tratan los demás y cómo nos vemos a nosotras mismas— pueden tener un gran impacto sobre nuestra autoestima.

Los padres, profesores y otras figuras de autoridad influyen en las ideas que desarrollamos sobre nosotras mismas —en particular, cuando somos niñas pequeñas. Si los padres pasan más tiempo criticando a un hijo que elogiándolo, es difícil que ese niño desarrolle una autoestima sana. Puesto que los adolescentes aún están formando sus valores y creencias, es fácil que construyan su autoimagen alrededor de lo que dice uno de sus padres, un entrenador u otras personas.

Es obvio que la autoestima puede salir muy mal parada cuando alguien cuya aceptación valoramos mucho (como un padre o un profesor) nos hace de menos constantemente. Pero las críticas no tienen por qué venir siempre de otras personas. Algunas adolescentes también tienen un “crítico interior”, una voz interior que encuentra fallos en todo lo que hacen, la gente a menudo modela inintencionadamente su voz interior de acuerdo con la opinión de un padre, pareja o amigo crítico o cualquier otra persona cuya opinión es importante para ella.

Con el tiempo, escuchar una voz interior negativa puede dañar la autoestima de una persona tanto como si la crítica viniera de fuera. Algunas personas están tan acostumbradas a que su crítico interior siga allí que ni siquiera se dan cuenta cuando se están haciendo de menos.

Las expectativas poco realistas también pueden afectar a la autoestima de una persona. La gente tiene una imagen de lo que quiere llegar a ser (o de quién cree que debería ser). La imagen de la persona ideal es diferente para cada una. Por ejemplo, algunas personas admiran las habilidades deportivas y otras las aptitudes académicas. Las personas que se ven a sí mismas teniendo las cualidades que admiran —como la habilidad de hacer amigos fácilmente— suelen tener una autoestima alta.

Las personas que no se ven a sí mismas teniendo las cualidades que admiran pueden desarrollar una baja autoestima. Desgraciadamente, las personas que tienen una baja autoestima a menudo tienen las cualidades que admiran, pero no pueden verlo porque la imagen que tienen de sí mismos está moldeada de tal modo que les impide hacerlo.

¿Por qué es importante la autoestima?

Los sentimientos que tenemos hacia nosotros mismos influyen en cómo vivimos nuestras vidas. Las personas que sienten que se les quiere y aprecia (en otras palabras, las personas que tienen la autoestima alta) tienen mejores relaciones sociales. Son más proclives a pedir ayuda y apoyo a los amigos y la familia cuando la necesiten. Las personas que creen que pueden alcanzar sus objetivos y solucionar problemas tienden a rendir más en los estudios. Tener una buena autoestima te permite aceptarte a ti mismo y vivir la vida de forma plena.

Pasos para mejorar la autoestima

Si quieres mejorar tu autoestima, aquí tienes algunos consejos para empezar:

  • Deja de tener pensamientos negativos sobre ti misma. Si estás acostumbrada a centrar la atención en tus defectos, empieza a pensar en aspectos positivos que los contrarrestan. Cuando te des cuenta de que estás siendo demasiado crítica contigo, contrarréstalo diciendo algo positivo sobre ti misma. Cada día anota tres cosas sobre ti que te hagan feliz.
  • Ponte como objetivo el logro en vez de la perfección. Algunas personas se acaban paralizando debido a sus ansias de perfección. En lugar de frenarte con pensamientos como: “No iré a la audición de la obra hasta que haya perdido 5 kg”, piensa en qué eres bueno y en las cosas con las que disfrutas, y ve a por ellas.
  • Considera los errores como oportunidades de aprendizaje. Acepta que cometerás errores porque todo el mundo los comete. Los errores forman parte del aprendizaje. Recuerda que las aptitudes de una persona están en constante desarrollo, y que cada uno sobresale en cosas diferentes —es lo que hace interesante a la gente.
  • Prueba cosas nuevas. Experimenta con diferentes actividades que te pongan en contacto con tus aptitudes. Luego siéntete orgulloso de las nuevas habilidades que has adquirido.
  • Identifica lo que puedes cambiar y lo que no. Si te das cuenta de que hay algo tuyo que no te hace feliz y puedes cambiarlo, empieza ahora mismo. Si se trata de algo que no puedes cambiar (como tu estatura), empieza a trabajar para quererte tal y como eres.
  • Fíjate metas. Piensa en qué te gustaría conseguir y luego diseña un plan para hacerlo. Atente al plan y ves anotando tus progresos.
  • Siéntete orgulloso de tus opiniones e ideas. No tengas miedo de expresarlas.
  • Colabora en una labor social. Dale clases a una compañera que tiene problemas, ayuda a limpiar tu barrio, participa en una maratón benéfica por una buena causa o hazte voluntaria de alguna asociación. Sentir que aportas algo y que se reconoce tu ayuda hace maravillas para aumentar la autoestima.
  • ¡Haz ejercicio! Mitigarás el estrés y estarás más sana y más feliz.
  • Pásatelo bien. ¿Te has encontrado alguna vez pensando cosas del estilo de: “tendría más amigos si estuviera más delgada”? Disfruta pasando tu tiempo con personas que te importan y haciendo cosas que te gustan. Relájate y pásalo bien —y no dejes tu vida en suspenso.

Nunca es tarde para construir una autoestima positiva y sana. En algunos casos, cuando la herida emocional es muy profunda o duradera, es posible que sea necesaria la ayuda de un profesional de la salud mental, como un psicólogo o terapeuta. Estos expertos actúan a modo de guías, ayudando a las personas a quererse a sí mismas y a darse cuenta de lo que las hace únicas y especiales.

La autoestima interviene en casi todo lo que haces. Las personas con una autoestima alta rinden más en los estudios y les resulta más fácil hacer amigos. Tienden a tener mejores relaciones con la gente de su edad y con los adultos, son más felices y les cuesta menos enfrentarse a los errores, decepciones y fracasos, y es más probable que perseveren en algo hasta que lo consigan. Cuesta cierto trabajo, pero es una habilidad que tendrás de por vida.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar