Según especialistas, la mujer no denuncia el maltrato psicológico.
Muchas mujeres creen que si sus esposos no las dejan trabajar o estudiar o les prohíben vestir de determinada manera es porque “ellos son así y lo hacen porque las quieren”.
Sin embargo, estos actos se catalogan como una de las tantas manifestaciones del maltrato psicológico hacia la mujer.
cuando hablamos de violencia psicológica no solo nos referimos a los gritos, insultos o malas palabras, sino también a tratos que burlen el aspecto físico o las capacidades intelectuales de la mujer.
Desafortunadamente, este tipo de maltrato no cuenta con cifras oficiales, ya que se estima como un hecho asociado a los otros tipos de violencia, es decir, es un antecesor directo que poco reportan las víctimas.

Entre las principales secuelas se señala la pérdida de su autoestima, el miedo a enfrentar a su pareja, poca seguridad en sí misma y la creencia que sin su compañero sentimental no podrán sacar adelante su vida.
No obstante, el verdadero enemigo es el de “sentir normal la violencia porque ya están resignadas a vivir así”. Esto se presenta en mujeres que llevan años siendo víctimas en sus propios hogares. “hoy en día el lugar más peligroso para las mujeres es su casa”. Según el Sistema de Información Forense, el domingo es el día con el mayor número de casos de violencia entre parejas.
En contra de los imaginarios. De acuerdo a la Ley, se define como daño psicológico a toda “acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones y comportamientos de otras personas, por medio de intimidación, manipulación, amenaza, directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta”.
Al conocer esto, muchas mujeres se sorprenden de saber que existe una ley que las protege, porque, “muchas comunidades piensan que (el maltrato) es el destino de las mujeres”.
Además, ve necesario reforzar el trabajo con la población femenina víctima del maltrato psicológico para que entiendan que “hay formas mejores de vivir, en una relación de pareja que no atente contra mi dignidad y mis derechos”.

Una vez llegada a instancias de denunciar, dos hechos pueden suceder: que su caso se resuelva por medio de la Comisaría de Familia o que deba acudir a la Fiscalía para instaurar una denuncia en contra de su agresor.
Hay usuarias que cuando reportan su situación ya están en estado de depresión aguda, incluso con intenciones de suicidio. Cuando las circunstancias indican que la violencia ha llegado a afectar la condición mental de la víctima, legalmente la mujer se ve amparada para iniciar un proceso penal contra su agresor que puede llevarlo a pagar entre cuatro y ocho años.